martes, 4 de marzo de 2014

El mundo de los transgénicos

Una semilla transgénica es aquella que ha sido manipulada en un laboratorio incorporándole caracteres genéticos que no son propios de sus especie. A grandes rasgos, la manipulación genética consiste en aislar segmentos del ADN de un ser vivo para introducirlos en otro.

 En el caso del maíz transgénico, éste porta un gen bacteriano que produce una sustancia insecticida que mata a los insectos que atacan a la planta, y que además es resistente a los herbicidas. El problema es que ya hay plagas que resisten a estas toxinas, precisamente por estar expuestas de forma continuada. La consecuencia de la manipulación es que el maíz transgénico introduce moléculas tóxicas en la cadena alimentaria que, al ser ingeridas por personas y animales, hacen que aumente la posibilidad de que desarrollen enfermedades. Por si esto fuera poco, también alteran el medio ambiente en el que se siembran.

Los partidarios de los transgénicos arguyen que su cultivo solucionará el problema del hambre en el mundo porque la producción será más elevada que con semillas tradicionales.

Tres son los argumentos que contradicen  contrarios a esta premisa:

• Los datos de la FAO muestran claramente que a nivel mundial se producen alimentos más que suficientes para alimentar a toda la población del planeta.

• Los cultivos transgénicos que hoy se producen no están pensados para combatir el hambre presente en los países del Sur. La casi totalidad del área plantada con transgénicos en el mundo, se reduce a cuatro cultivos: soja, maíz, colza y algodón. Los tres primeros se dedican casi por entero a la producción de piensos para ganadería, en combustibles para coches y aceites, y el último tiene como destino la fabricación de ropa.

• En cambio, sí que existe una correlación directa entre los cultivos transgénicos y el incremento del hambre en el mundo rural. En países como Brasil y Argentina las gigantescas plantaciones de maíz y soja transgénica están acabando con las pequeñas explotaciones familiares, expulsan a las gentes de sus tierras privándoles de su medio de subsistencia. La consecuencia es hambre y miseria.


Hemos de tener presente que el maíz es utilizado en muy variados productos para consumo humano: además de su presentación «en grano» para ensaladas, palomitas, fritos, etc., consumimos almidón, jarabes de glucosa, sémolas y otros derivados presentes en la alimentación infantil, margarinas, cervezas, repostería, yogures, helados y un sinfín de productos.

 ¿Qué porcentaje de este maíz no es transgénico?
¿Quien se beneficia del uso de los transgénicos?
¿Que dicen los expertos en seguridad alimentaria sobre sus consecuencias?
¿Que aspectos a favor esgrimen los defensores del uso de los transgénicos?
¿Cuales son los perjuicios que causa su consumo en nuestra salud?
¿Con qué se alimentan los pollos, cerdos o vacas destinados a consumo humano?
¿Por qué existe un claro respaldo a su utilización por parte de los dirigentes políticos?
¿Qué planeta queremos y queremos dejar a nuestros hijos?

¿Sabemos con seguridad lo que comemos y cocinamos?



A estas preguntas y a muchas más nos contestarán en la charla que el martes 12 de marzo a las cinco menos cuarto, nos ofrecerán miembros del Movimiento por un Aragón Sin Transgénicos y hacia la Soberanía Alimentaria.

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